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Mostrando las entradas etiquetadas como Poemas
A veces distorsionamos la realidad, para bien o para mal. Para bien, hacemos de la experiencia una vivencia inolvidable. Para mal, la angustia y el miedo puede transformar la oportunidad en una vivencia inexistente. Si viéramos cómo son las cosas, no como quisiéramos, tal vez las podríamos mejorar mientras apreciamos aquello que una vez distorsionamos; y si volvemos a caer en la irrealidad, que sea para mejorar hasta ser conscientes de nuestra inconsciencia y ser nosotros mismos asumiendo las responsabilidades que construyen nuestra realidad.
Caminar es voluntad y acto decisión y determinación, es querer respirar aire puro adentrándose por las callejuelas. No hay nada mejor que darse cuenta de la complejidad del mecanismo que tan obvio parece por la cotidianidad y aun así tan extraordinario es su efecto en la rutina de quien quiere ser consciente, reflexivo, creativo y auto disciplinado.
Has venido antes, y alguna vez te he escuchado, pero quisiera conocerte más de cerca. Quisiera comprenderte, no huir de ti o ignorarte. Quisiera saber aceptar a tiempo que estás ahí, mirarte a los ojos, y decirte que espero que transformes los nervios, la duda, la indiferencia, angustia, en movimiento, en progreso constante, en satisfacción; y que, cuando todo acabe, miedo, seamos amigos de nuevo, que sepa agradecerte  no apagar mis sueños, saber escucharte, ver por qué estás ahí, y recapacitar si merece la pena aprender de esta experiencia para que, en las próximas, cuando escuche tu susurro de nuevo te desvanezcas en mi interior, te mezcles con la ilusión de mis metas me hagas alcanzar más, que me ayudes a ser vulnerable y real, que me enseñes a superarme, a vivir la vida plenamente, a tu lado, pero sin ti al acecho; A sentirla llena de dulzura, de agradecimiento, de paz. De alegría, de tristeza. De equilibrio. ...
Quiero ser una alma vieja quiero tener los ojos curiosos de niño, la imaginación del lector y el espíritu del aventurero; quiero ser un creativo viajero un hábil conversador, un cómico comentarista un historiador; un realista cumplidor un ambicioso soñador, un trabajador insano un vago relajado; un luchador, un sanador en peligro, un rescatador en ayuda; una perspectiva nueva una idea renovada una costumbre; un invento, un fracaso, una experiencia, una memoria; en el fondo, yo.
Letra a letra, palabra a palabra, con cada frase formada una idea se constituye y un mundo nuevo se crea. Una a una, conectadas entre sí, sin ser una idea mejor o peor una que otra, forman imágenes diferentes: Representan un célebre instante en que, por el cerebro de un humano, una historia se cuenta. Los sentidos se agudizan, se desenfrenan las pasiones y las expresiones desbordan por medio de un mismo ser. Y ya, contada la historia, transmitida la secuencia, no va a haber vuelta atrás. La mente no empequeñece, más bien aumentará con creces. Y, por mucho que se quiera, jamás se volverá a ser, nunca más, aquel que un día se fuera.
El paraguas frena las gotas de lluvia, no deja que conectemos con los demás, que nos calemos. El cristal impide acercarnos, pero vemos las gotas de agua: tan cerca, que nos alegramos al verlas; tan lejos, que parecemos vivir en un desierto. El plástico protege el aire; sin embargo, así el globo permanece inflado. Nos vamos desinflando con cada conversación, salida, reunión, tarea, objetivo, propósito: sin aparente cansancio. No nos damos cuenta: Somos un globo desinflándose. Un globo que acaba amurallando su aire mediante un cristal. Un globo que cubre, protege, de las otras gotas de lluvia y se enfrenta a ellas con la tela; no deja que lleguen a nosotros. Dejemos de acumular expectativas, seamos los efectos positivos de una sonrisa, la presencia del niño presente; no burbujas que explotan negatividad tras expulsar todo el aire, con el tiempo, que el plástico del globo, de nosotros, ha podido dar de sí: conectemos con nosotros mismos, conectemos con lo...
El lejano goteo resbala por las estalactita de una quieta cueva y, sobre un pequeño charco, crea unas ondas diminutas: el silencio reina. No despertemos los murciélagos, sombras del refugio, que, al vislumbrar luz y atisbar sonidos desconocidos, baten sus alas para huir de quien explorando está su recóndita morada; de la que únicamente el esplendor verán aquellos a los que la paciencia guíe sin luz agresiva y sin ruido. Únicamente el secreto de este magnífico lugar lo hallarán los que estén dispuestos a ahondar en las profundidades de la tierra, y a escuchar el más dulcificante sonido: el goteo en el misterio; el extenso hilo de experiencias, el largo recorrido de ideas pensadas, en el silencioso proceso de la memoria.
Abre la cerradura, introduce la llave, encuentra el compartimento, no serás capaz de ver qué hay dentro. Muñecas rusas, una dentro de otra, ¿un martillo? ¿tirarlas al suelo? no serás capaz de ver qué hay dentro. Clave, contraseña, ¡qué más da! no sirve de nada. Está vacío, lleno de todo. Todo es nada para el poco avispado. Todo es lleno para el comprensivo. Dentro, fuera; dicho, silencio. Capas, capas. Y más capas. Se rompen, esperan la escucha. ¡Shh! un juicio viene, no lo aceptará si no entiende, ¡hay que esconderse! Parece haber cerrado su tímpano, y abierto su boca al sinsentido.
Si las piedras de ajedrez se moviesen con facilidad, si los pasos sobre el tablero fueran siempre firmes, si los silencios reflexivos fueran jugadas seguras... no nos enfrentaríamos solo al blanco y negro plano sobre el que se posicionan las opciones que uno dispone: al juego en el que mediante acciones se acerca a la meta, sino al rival, a la inseguridad, a nosotros mismos. Una huella marca la diferencia, y un retroceso sirve para dar dos pasos al frente o para caer lentamente al suelo. Sin embargo, continúa sin cese, y el jugador aprecia sus fortalezas, y debilidades, en ese tiempo medido; así como el observador, ajeno, fija su mirada en cómo los pequeños movimientos le llevan a grandes batallas, y, a sueños, que sin el juego, no sería capaz de imaginarse y verse inmerso hasta conseguirlos.
Ocho horas, no menos, eso dicen, eso intentan. Cuántos dormidos durmiendo ocho horas; cuántos despiertos durmiendo la siesta. Dejemos de adormilar aquello que nos importa y vivamos, no existamos, vivamos despiertos, no dormidos. Para dormir, sin descansar, mejor tener un propósito. Para agotarse sin necesidad, mejor vivir dormidos. Y, para existir sin vivir, mejor acordarse de la vida.
Las páginas conforman nuestra historia, llena de sueños e ilusiones como las ramificaciones de los árboles, crecederas constantes hacia el cielo. Las raíces sostienen el tronco, la lluvia las endurece, la luz del sol tiñe sus hojas, y la vida, con todos sus matices, evoluciona y experimenta esta oportunidad: la existencia; una portada tras otra, una contraportada continua.
Perfume de tu oído, vista de tu constelación, gusto retraído y amargor en el estómago. Cuánta vuelta intestinal provocada por el exterior, angustia hasta menguar en su consideración. Colores brillantes apagados al emerger el bunque de los pozos que al fin se rebelan otra vez. El cubo subirá y encharcará el suelo de hojas otoñales; pero primero, la cuerda, por la polea, deberá avanzar, y para eso, el aguador paciencia habrá de tener hasta así, relucir el agua y transparente aparecer.
Surfea la ola más alta, pues llegará a la arenada superficie. Recorre la altura más estremecedora, sobre la montaña rusa, para desprender rápido. Sueña con el ideal, sin trabajo duro, y caerás dormido entre papeles. Intenta mejorarte a ti mismo y puede que enfermes de vanidad. Sé otro, y tu yo auténtico te mirará, te descompondrás en pedazos, y luego, cuando te haya permitido destruirte hasta tocar fondo, conseguirás recomponerte y establecer metas realistas con las que imaginar un futuro, pero no una vida.
Cuando hablen los ojos, que los labios se cierren, que la cabeza se dirija al frente, que las manos queden tranquilas, que las orejas escuchen lo que fue anteriormente imposible de transmitir. Cuando te encuentres frente  una mirada transparente, pregúntate por qué, por qué el resto del cuerpo permanece quieto, inmóvil, o en continua agitación. ¿Qué desean transmitir? Los párpados no impiden ver, y la ilusión o las lágrimas de tristeza, frustración, de alegría, de satisfacción, de merecimiento, nublan la vista  pero no la percepción de la realidad absorbida por tan diminutos portales. Pasado, presente, futuro. Cuánto albergan dos pupilas, iris y esclerótica: Remordimientos, logros, recuerdos, ambiciones, sueños, historias, palabras dichas, pensamientos, conversaciones repetidas, ideas silenciadas, frases inspiradoras. Todo, tras los portales, alcanzadores del cielo, de las estrellas,  ...

Homenaje a la amistad

Nosotras somos las cuerdas en este mundo de locos; nosotras, la melodía en esta desarmonía, la cordura entre la locura, la sensatez de enanos entre la madurez inalcanzada, las rebeldes entre conformistas aspirantes de éxito, las magas en un mundo sin imaginación, las palabras mezcladas entre frases inconexas aparentemente, las piezas de un puzzle difícil de concebir completo; sí, las cuerdas en este mundo de locos, ¡no dejes de recordármelo nunca!
Estela de las estrellas, reflejo blanquecino del lago nocturno, sendas ocultas entre las ramas, hierba aplastada por las pisadas. La lluvia no impide mirar arriba, ahora el cielo está oscuro, acogedor; vosotras, las luces más insospechadas, os dejáis ver en el momento inoportuno y, hasta que no os refugiáis de nuevo, no comienza el día, bajo los rayos del sol. Tan pequeño planeta, tan grande el universo; ahí permanecéis y desaparecéis,  como nosotros, con el tiempo. Qué poco nos acordamos de  vuestra existencia e,  incluso y a veces, de la reflexión sobre la nuestra propia. Ahora son bombillas, farolas, intermitentes y carteles deslumbrantes, los que sustituyen en la ciudad este  refugio ajeno a las paredes. No contemplemos constantemente  fotografías o documentales, salgamos y miremos; aguardan con el tiempo desde su posición en el espacio, al igual que nosotros desde los pies en este mundo.
               ¿Tenemos reflejo? Parece que no influimos en la vida de los demás y, sin embargo, no es así. Sí, influimos mediante nuestros pensamientos en nuestra actitud, visión, acciones; y, en los demás, dejamos nuestra energía negativa pero… ¿realmente vemos que tenemos ese reflejo? ¿lo tenemos?                                 Parece que vivimos a través de un espejo reflejado en otro, y así constantemente. ¿Cómo evitar verse la realidad? No digo que esos espejos reflejen realidades falsas; pueden ser verdades pero no completas. Al fin y al cabo, no creo en el reflejo personal completo en el mundo. Siempre hay una parte que permanece para la persona y así debe ser, si no seríamos meras copias de los demás.              ...
Incapaz de movilizarme observo cómo el mundo gira, sin cese. Las huellas quedan plasmadas en el suelo, con más rapidez que el corredor de cien metros. Y, con la cabeza gacha avanzo penosamente lento, ya no sé si por rebelión, ser estúpida o ser coherente.
Una nota, una palabra, un compás, un verso, un silencio, un punto, una melodía, una rima, un pentagrama, poesía.
The light of the sun seems like is not going through the window, but it seems it is reflecting the outside of the mind. Sunbeams are the borders that must be figured out and destroyed in order to view the world in another perspective and grow; and the sun, in its radiance, in its whole, will bright again as it never did.