Si tan solo quisiera escuchar, atendería. Si quisiera aprender, conocer, escucharía. Escuchar las palabras, los silencios, los errores, los aciertos, el significado de los gestos, de las indecisiones, de los sinsentidos, de las convicciones. Vería toda su realidad, la viviría sin experimentarla toda, pero aún así la sentiría de un modo más profundo que ahora, más vívida. Tal vez le llevase a pozos de desánimo o desajuste tal complejidad, pero merecería la pena el esfuerzo si al final hubiese contemplado su recorrido y hubiese dejado una pequeña huella, marcada por el superfluo contenido que aposenta en el papel, lleno de tinta; pues todo continúa, y quien dijo una vez una idea, puede cambiar, y si regresa a ella otro apremiante de la escucha, de la curiosidad, puede recuperarla y hacerla florecer adaptándola a su vida. Un día es una mancha; otro, un concepto con el germen de una revolución, con otro nombre. Pero primero empieza así: escucha, aprende, pasa el timón a las si...
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A veces me encuentro en los demás; otras, descubro mi "yo" a solas, y en muchas otras ocasiones me pierdo. En mi mente, me alejo de la realidad y se me olvida que las emociones afectan: permiten vivir apasionadamente la vida, pero también alejarse de la realidad cuando menos conviene. "¡Qué estúpido todo esto!" me digo a mí misma y, sin embargo, cuánto efecto tienen en la percepción de la realidad, la vida y su significado, de nosotros mismos; y cómo nos hace recobrar la conciencia sobre nuestra existencia para vivir la propia vida intensamente de nuevo con perspectivas diferentes, aprendidas del exceso de emociones, o de la carencia de ellas.
La autenticidad
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Ser coherente con los propios valores es una tarea peliaguda que conlleva evitar excusas ante encargos a realizar por esa idea del "yo verdadero". Incluso es necesario lidiar entre valores y momentos que ponen al sujeto en una situación incómoda, de indecisión. Normalmente esta escena ocurre cuando se quiere pertenecer a un grupo con el que se está de acuerdo en ideas y a la vez quiere mantenerse la integridad. También sucede con el propósito de la vida. A veces hay ataduras impuestas voluntariamente porque forman parte de esos hábitos que llevan a cumplir los valores en que se cree. Sin embargo, otras veces frenan a la hora de decidir el propósito: Me ato a la familia, amigos, costumbres o rutinas que tengo aquí y no salgo afuera a explorar. No quiero apartarme de esto porque lo valoro pero también considero importante la exploración y la búsqueda de la verdad, el auto conocimiento a través de las experiencias. Se contraponen las situacion...
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El paraguas frena las gotas de lluvia, no deja que conectemos con los demás, que nos calemos. El cristal impide acercarnos, pero vemos las gotas de agua: tan cerca, que nos alegramos al verlas; tan lejos, que parecemos vivir en un desierto. El plástico protege el aire; sin embargo, así el globo permanece inflado. Nos vamos desinflando con cada conversación, salida, reunión, tarea, objetivo, propósito: sin aparente cansancio. No nos damos cuenta: Somos un globo desinflándose. Un globo que acaba amurallando su aire mediante un cristal. Un globo que cubre, protege, de las otras gotas de lluvia y se enfrenta a ellas con la tela; no deja que lleguen a nosotros. Dejemos de acumular expectativas, seamos los efectos positivos de una sonrisa, la presencia del niño presente; no burbujas que explotan negatividad tras expulsar todo el aire, con el tiempo, que el plástico del globo, de nosotros, ha podido dar de sí: conectemos con nosotros mismos, conectemos con lo...
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Movimiento sigiloso, de la esperanza paciente. Delicado, fuerte. Flexible, rígido. En constante espera dinámica. Todo se mueve, nada parece cambiar. Uno tras otro apacigua la mente. La cadena de intentos fallidos hace caer la tinta del tintero del sueño. La pluma continúa escribiendo, la mano efectúa el movimiento sigiloso, espera alcanzar una satisfacción inherente a la actividad, una que no parece existir. Luego retrocede la mirada sobre las palabras, sonríe el rostro, de realización, no entusiasmo, y acepta el hecho. ¿Qué más hace falta para satisfacer dicho deseo? Se busca, se escapa. No se encuentra. Aparece, desaparece constantemente. Siempre escribiendo. Siempre buscando esa sensación efímera. Siempre un movimiento sigiloso, un movimiento constante, una dinámica reflexiva en medio de una aparente búsqueda de una esperanza inexistente y una gratificación en la aventura de las palabras.
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¿Tenemos reflejo? Parece que no influimos en la vida de los demás y, sin embargo, no es así. Sí, influimos mediante nuestros pensamientos en nuestra actitud, visión, acciones; y, en los demás, dejamos nuestra energía negativa pero… ¿realmente vemos que tenemos ese reflejo? ¿lo tenemos? Parece que vivimos a través de un espejo reflejado en otro, y así constantemente. ¿Cómo evitar verse la realidad? No digo que esos espejos reflejen realidades falsas; pueden ser verdades pero no completas. Al fin y al cabo, no creo en el reflejo personal completo en el mundo. Siempre hay una parte que permanece para la persona y así debe ser, si no seríamos meras copias de los demás. ...
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¿Soporta la mente humana el caos? Nos encontramos en movimiento constante y ni somos conscientes del cambio. Nos gusta la estabilidad y la rebelión; aceptamos o negamos, en ocasiones, una realidad según nuestra concepción de la misma; tratamos de mejorar, y a veces volvemos atrás. Cuanto más nos conocemos, más conscientes somos de nuestro desconocimiento. Sí, somos complejos, ¿pero, dentro de nuestra complejidad, seríamos capaces de soportar el caos? ¿O nos destruiría? ¿Nos haría más fuertes? ¿Por qué entendemos que debe existir “un caos” y un “orden”? ¿Qué nos hace desear ese caos y orden al mismo tiempo incluso que prevalece, a veces, según individuos, uno sobre otro?