Movimiento sigiloso, de la esperanza paciente. Delicado, fuerte. Flexible, rígido. En constante espera dinámica. Todo se mueve, nada parece cambiar. Uno tras otro apacigua la mente. La cadena de intentos fallidos hace caer la tinta del tintero del sueño. La pluma continúa escribiendo, la mano efectúa el movimiento sigiloso, espera alcanzar una satisfacción inherente a la actividad, una que no parece existir. Luego retrocede la mirada sobre las palabras, sonríe el rostro, de realización, no entusiasmo, y acepta el hecho. ¿Qué más hace falta para satisfacer dicho deseo? Se busca, se escapa. No se encuentra. Aparece, desaparece constantemente. Siempre escribiendo. Siempre buscando esa sensación efímera. Siempre un movimiento sigiloso, un movimiento constante, una dinámica reflexiva en medio de una aparente búsqueda de una esperanza inexistente y una gratificación en la aventura de las palabras.
The light cannot dissapear, only diminish
La rutina nos hace olvidar, ser inconscientes. Podemos dejar que nuestro potencial disminuya con la repetición y el aburrimiento de vivir pero, al final, nos romperemos si no aspiramos a ser nuestra mejor versión de nosotros mismos, si no seguimos nuestro camino. Nos daremos cuenta de que nuestro potencial, nuestra luz, nunca había desaparecido. Nos percataremos de que ha permanecido siempre, incluso cuando la dábamos por perdida. Basta encontrarla para descubrir la riqueza que se halla en el ser humano y cómo, gracias a estos duros momentos, relucimos después con fuerza para mejorar el mundo aceptándonos, queriéndonos a nosotros mismos y ofreciendo a los demás un mundo donde la felicidad compartida prima y donde la realidad se mejora por sí sola con nuestra consciencia de un mundo mejor y nuestros pensamientos y acciones.
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