¿Soporta la mente humana el caos?
Nos encontramos en movimiento
constante y ni somos conscientes del cambio. Nos gusta la estabilidad y la
rebelión; aceptamos o negamos, en ocasiones, una realidad según nuestra
concepción de la misma; tratamos de mejorar, y a veces volvemos atrás. Cuanto
más nos conocemos, más conscientes somos de nuestro desconocimiento. Sí, somos
complejos, ¿pero, dentro de nuestra complejidad, seríamos capaces de soportar
el caos? ¿O nos destruiría? ¿Nos haría más fuertes? ¿Por qué entendemos que
debe existir “un caos” y un “orden”? ¿Qué nos hace desear ese caos y orden al
mismo tiempo incluso que prevalece, a veces, según individuos, uno sobre otro?
El paraguas frena las gotas de lluvia, no deja que conectemos con los demás, que nos calemos. El cristal impide acercarnos, pero vemos las gotas de agua: tan cerca, que nos alegramos al verlas; tan lejos, que parecemos vivir en un desierto. El plástico protege el aire; sin embargo, así el globo permanece inflado. Nos vamos desinflando con cada conversación, salida, reunión, tarea, objetivo, propósito: sin aparente cansancio. No nos damos cuenta: Somos un globo desinflándose. Un globo que acaba amurallando su aire mediante un cristal. Un globo que cubre, protege, de las otras gotas de lluvia y se enfrenta a ellas con la tela; no deja que lleguen a nosotros. Dejemos de acumular expectativas, seamos los efectos positivos de una sonrisa, la presencia del niño presente; no burbujas que explotan negatividad tras expulsar todo el aire, con el tiempo, que el plástico del globo, de nosotros, ha podido dar de sí: conectemos con nosotros mismos, conectemos con lo...
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