Quiero descubrir qué me hace brincar de la cama cada mañana, qué me hace sonreír, qué me hace sentir que estoy viva y qué me permite recordar la importancia de vivir despiertos. Quiero explorar sensaciones distintas, movimientos inesperados, palabras pronunciadas, escritas y silenciadas, frases inacabadas, viajes improvisados, lugares ocultos, paisajes exóticos, costumbres ajenas, olores refinados, sabores deliciosos, tejidos suaves, pinturas entrañables, gestos solidarios, sonrisas humildes, alegrías explosivas, llantos satisfactorios, bostezos aburridos, colores mezclados, lenguas extranjeras, libros viejos... Quiero explorar más allá de lo que mi mente me hace creer que existe y descubrir todo aquello que sobrepasa mis pensamientos, mis sueños, hasta llegar al día en que una lágrima de alegría recorra mi rostro y mi último pensamiento sea: "¡Qué día más maravilloso! ¡Mañana otro!"
¿Soporta la mente humana el caos? Nos encontramos en movimiento constante y ni somos conscientes del cambio. Nos gusta la estabilidad y la rebelión; aceptamos o negamos, en ocasiones, una realidad según nuestra concepción de la misma; tratamos de mejorar, y a veces volvemos atrás. Cuanto más nos conocemos, más conscientes somos de nuestro desconocimiento. Sí, somos complejos, ¿pero, dentro de nuestra complejidad, seríamos capaces de soportar el caos? ¿O nos destruiría? ¿Nos haría más fuertes? ¿Por qué entendemos que debe existir “un caos” y un “orden”? ¿Qué nos hace desear ese caos y orden al mismo tiempo incluso que prevalece, a veces, según individuos, uno sobre otro?
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